Si no son culpables, ¿hay responsables?

Además de la remodelación el Gobierno, que Pedro Sánchez ya no podía retrasar más, la semana trae un triple cambio de criterio que replantea el relato oficialista y el discurso del Govern sobre el coronavirus.

En primer lugar, no debemos fijarnos en la incidencia acumulada, hoy disparada y descontrolada en Menorca por la transmisión comunitaria y los rebrotes -sobre todo entre los jóvenes- que complican el rastreo y colapsan y desbordan a los equipos UVAC. Lo relevante ahora serán los ingresos en los hospitales y quienes entran en las UCI. Francina Armengol: «Es el momento de pensar en otras cosas que no sean la incidencia acumulada».

JÓVENES Y ASINTOMÁTICOS. Muchos de los jóvenes que se concentraron este año en los botellones de Es Pla, a pesar de ser asintomáticos, transmiten el virus y aumenta la incidencia acumulada. Pero hay que pensar en otras cosas.

Este nuevo discurso gubernamental -que la incidencia acumulada no sea el parámetro para medir el peligro covid de un territorio- no ha convencido a Alemania, que incluye hoy a Balears, junto con el resto de España en zona de riesgo y desaconseja los viajes al archipiélago. Las islas triplican la incidencia a siete días que marcan los criterios científicos del país germano. Exigencias alemanas que contradicen la novísima doctrina sanitario-política del Govern Armengol sobre cómo gestionar la pandemia.

Doctrina Armengol

A partir de ahora, el control de la contagiosa infección vírica en Balears -léase las restricciones para evitar más contagios- ya no se ajustará a criterios epidemiológicos, lo que constituye un contrasentido, según denuncia el doctor Claudio Triay, delegado del Sindicato Médico de Baleares (Simebal) en Menorca.

Pero la directora médica del IB-Salut, Tamara Contreras de Pino, no tiene inconveniente en avalar este cambio de planteamiento político porque «tener que encerrarnos para que hagamos algo que ya sabemos, provoca daños colaterales». La doctora Contreras «entiende» que estas decisiones se toman por «las consecuencias económicas que puedan tener».

¿Y los culpables?

Y la consecuencia final de esta extraña nueva normalidad se resume en que no hay que buscar culpables. Así lo han proclamado esta semana en Palma, al alimón, Francina Armengol: «No voy a buscar culpables; no busco culpables en nada»; y el presidente de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig al afirmar que «no hay que buscar culpables».

Esta es la cuestión nuclear para quienes gobiernan, como se evidenció en el pleno extraordinario que celebró el Ayuntamiento de Ciutadella, solicitado por el PP, para debatir lo ocurrido este año durante los días de Sant Joan, sin caixers i cavallers, caragols ni jocs i corregudes des Pla, pero con botellones, masificación y mucho desmadre.

Un escenario que ha originado, en gran medida, la explosión de contagios en Menorca, aunque la relajación se repitió y la vulneración de las medidas sanitarias se registró en otros muchos lugares de la Isla. La doctrina oficial insiste en que no procede buscar culpables de lo que pudo haberse evitado y atajado, aunque imperó la imprevisión, la improvisación y el descontrol.

Dispuestos a aceptar la mayor, reclamamos la menor: que asuman sus responsabilidades, porque, de haberlas, haylas. Si no se consideran culpables, al menos que practiquen la autocrítica y sean responsables, porque el 2014, cuando estaba en la oposición, el PSM reclamó la dimisión del entonces alcalde, José María de Sintas, por el accidente mortal en los Jocs des Pla. Siete años después ven las cosas de otra manera -ya no están en la oposición- y nos cuentan que no procede pedir dimisiones ni, mucho menos, buscar culpables. Naturalmente, hay que definir soluciones, pero ¿quién asumirá las responsabilidades?

Mientras, miles de menorquines deben cumplir cuarentena y no pueden salir de casa al dar positivo en las PCR o haber mantenido contacto estrecho con contagiados. La incidencia récord de la pandemia multiplica las bajas de los trabajadores, afecta a numerosas empresas de todos los sectores de Menorca y provoca    el cierre de negocios en plena temporada. El colapso en las UVAC demora las PCR y la comunicación de los resultados. Ha entrado en vigor la prohibición de buscar culpables y responsables.

Isla de los prodigios   

Cambio de tercio. Vamos a la Illa del Rei, que, con acierto, define nuestro articulista de cabecera Pedro J. Bosch como «La isla de los prodigios», al    proponer que «si quieren una inyección de moral y espíritu cívico, no lo duden y acudan un domingo cualquiera a contemplar un milagro en vivo y en directo». Allí conocerán los «voluntarios domingueros».

Hauser & Wirth inicia sus actividades en el recuperado edificio Lángara, con la inauguración, el 17 de julio, de las obras de Mark Bradford. Manuela e Iwan Wirth ponen a Menorca en el mapa mundial del arte. «No será una sala comercial, sino algo más parecido a una fundación, únicamente accesible en barco, formada por ocho galerías de 1.500 metros cuadrados», apunta «El País Semanal».

Y los incansables voluntarios -encabezados por Luis Alejandre, ayer con Mercedes Milá, en desayuno de trabajo- insisten para construir la rampa    de acceso universal, su gran asignatura pendiente.

El Colegio de Médicos impondrá el día 30 su medalla de oro a Alejandre al haber liderado la recuperación del histórico hospital británico.

PREGUNTAS DE LA SEMANA

¿Cómo afectará a Menorca la remodelación del Gobierno anunciada ayer por Sánchez?

¿Por qué el IB-Salut descartó el cribado de Ferreries, reclamado por el Ayuntamiento, al liderar la incidencia de la pandemia en Menorca?

¿Cuántos bares, restaurantes y negocios de Menorca han cerrado por el confinamiento de sus empleados?

¿Prosperará el recurso de reforma que anuncia el PP contra el archivo provisional del caso judicial del matadero de Ciutadella?

¿Comparecerá la presidenta Armengol en el Parlament por los contratos de Autoritat Portuària de Balears?

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