El nuevo cuento de la lechera

Fijamos nuestra atención en los sucesos de una Cataluña cada vez más dividida y enfrentada, la disputada y denostada exhumación del generalísimo Franco y la repetición de las elecciones generales, ordenada por Pedro Sánchez para el 10 de noviembre.

Todo ello con el telón de fondo de las encuestas de intención de voto, con un CIS cocinado por Tezanos que, como advierte sabiamente Kiko Llaneras, «no se parece al resto de sondeos». El domingo publicaremos las conclusiones del estudio demoscópico elaborado por el Instituto Balear de Estudios Sociales bajo la dirección de Gonzalo Adán que pronostica en Balears unos resultados distintos a los del 28-A.

Pasan desapercibidos, transformados en titular de un día, datos tan preocupantes como uno de cada dos contratos firmados este verano ha sido de menos de tres meses en Balears. La estacionalidad se consolida, el sector turístico se ralentiza y la economía menorquina entra en fase catatónica desde noviembre a abril.

Escribe Amaya Michelena: «no hay suficientes empleos ni suficientemente bien pagados para sostener con sus impuestos esos lujos que nos hemos permitido durante décadas: cientos de miles de políticos, distintos cuerpos policiales, ejército, televisiones y radios públicas, millones de funcionarios y pensionistas, oenegés el campo y la pesca subvencionados, las necesidades especiales en educación, en sanidad, en asistencia social». Porque todo lo que constituye el progreso y el bienestar del mundo está en hoy en riesgo.

El Plan Presupuestario que ha remitido a Bruselas el Gobierno en funciones -expedientado ayer por la Junta Electoral por uso electoralista de La Moncloa- es un nuevo cuento de la lechera.

Muchos gastos, pero sin los recursos necesarios. «Prometer subir las pensiones un 0,9 por ciento, el sueldo a los funcionarios y otras apuestas sin ingresos es engañar», afirma Carmen Tomás.

Pero desviamos nuestra atención, inconscientes y frágiles.

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