Archive for enero, 2018

La Navidad no es el solsticio de invierno

Martes, enero 16th, 2018

En la tertulia celebrada antes de Navidad en el Ateneo el obispo Francesc Conesa propuso redescubrir la laicidad ante el laicismo.

Nuestras raíces culturales se nutren de la herencia cristiana, pero el laicismo intenta negar esta evidencia. Los vientos del laicismo intentan cambiar la historia y la tradición por otros conceptos equívocos para introducir confusión y desvirtuar aquellos elementos religiosos que forman parte de nuestra sociedad, sentimientos y convicciones. Los belenes laicos -un oxímoron-, la transformación de la Navidad en el solsticio de invierno y una exaltación del consumismo, o la negativa a utilizar y colocar símbolos religiosos en los espacios públicos evidencian esta burda voluntad de manipulación.

Estados Unidos y Francia nos dan lecciones cuando el Consejo de Estado francés concluye que si el cristianismo es un elemento de la cultura gala, los belenes pueden instalarse en los espacios públicos en el marco de actividades culturales, artísticas y festivas, sin ánimo de proselitismo. No los erradica como han hecho algunos ayuntamientos de España. Y el Tribunal Supremo norteamericano ha considerado legítima la colocación de un belén cristiano en un parque público al tener en cuenta el valor de la tradición y el carácter cultural que aporta a la historia de la civilización. Porque todo belén es una bella representación de la Navidad, no del solsticio de invierno. Rafael Navarro-Valls, presidente de las Academias Jurísticas de Iberoamérica, destaca que los grandes protagonistas de la unificación europea eran políticos de extracción cristiana y, por tanto, amantes de la libertad. Su sueño de una Europa unida derivaba directamente de su odio a la tiranía. Pero hoy hay quienes están empeñados en negar y dar la espalda a los fundamentos cristianos de nuestra civilización. Pero vuelven a emerger para recuperar los valores espirituales y entender el sentido de la Navidad.

 

Los otros exiliados

Lunes, enero 8th, 2018

Ha escrito Mario Benedetti que «el olvido está lleno de memoria», y para recuperar una parte de la memoria de los hechos registrados en la Menorca del siglo XX, Josep Portella ha redactado durante siete años el «Llibre d’exilis», que acaba de editar el Consell insular. Un denso volumen de 670 páginas con la biografía de 953 menorquines que -según el autor- «se exiliaron, de una u otra forma, después de la guerra civil». Miquel Àngel Maria afirma que «ha constituido un error colectivo confundir la reconciliación y la concordia con la continuación de la losa del silencio impuesta a los vencidos». Cuando ya han transcurrido ochenta años de la guerra 1936-39 «ya no estamos a tiempo de restituir la memoria y la dignidad de las víctimas en vida», añade el conseller de Cultura.

Cierto. Hay que levantar las losas del silencio, todas, porque en Menorca también hubo vencidos y exiliados a partir de julio de 1936. Aquí hubo persecución, represión, fusilamientos en masa -las tristemente célebres matanzas en La Mola y en el Atlante han caído en el olvido-, y también asesinatos en las carreteras.

La primera Ley de Memoria de España, aprobada en 2007, establece medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura. El extraordinario trabajo de investigación de Josep Portella, que arranca en febrero de 1939, al concluir la historia de la Menorca republicana, exige ser ampliado porque hay otras víctimas silenciadas. Por ejemplo, los que huyeron a Mallorca para salvar la vida unos lo consiguieron, otros, en cambio, fracasaron en el intento y fueron fusilados.

La oficialidad diezmada, los presbíteros de la diócesis los diputados menorquines Teodoro Canet, de Unión Republicana, y Tomás de Salort Olives, de la CEDA, asesinados en la cuneta, junto a Ferreries, y en la cárcel Modelo de Madrid respectivamente, merecen ver recuperada su dignidad. La memoria histórica debería empezar en 1936, no en 1939.

 

El PSOE no quiere a una filóloga en Turismo

Lunes, enero 8th, 2018

Durante lo que falta para terminar este mandato la segunda presidenta del Consell mantendrá, deliberadamente, un perfil plano, incluso incoloro, inodoro e insípido para algunos. Susana Mora quiere evitar cualquier salida de tono u ocurrencia. Por ello gestiona sus declaraciones en los medios para no meterse en charcos, cortocicuitar los conflictos y, sobre todo, esquivar y soslayar cualquier desacuerdo con Més y Podemos, que son socios y adversarios.

Desde la sede la plaça Biosfera de Maó, PSOE, Més y Podemos contemplan, con estupor, el circo ambulante -con enanos, saltimbanquis, leones sin melena y elefantes tristes- en que se ha convertido el Govern de Francina Armengol por las crisis que, a pesar de haber sido urdidas por el «núcleo duro» del PSIB-PSOE acaban siempre incendiando las conselleries gestionadas por Més, mientras Nel Martí sigue atizando al Govern del Pacte.

Podemos, en el Pacte pero fuera del Govern. Alberto Jarabo saluda a Bel Busquets, que -sí o sí- quiere ser la sucesora del defenestrado Biel Barceló en el Govern «porque mi partido ha dicho a Armengol que me corresponde a mi y porque no hay plan B». La mirada de Jaume Font lo dice todo.

Més per Menorca, que dio portazo y abandonó con enfado el Govern por el ‘caso contratos’, no perdona a Armengol que obligara a dimitir a la consellera Ruth Mateu para asumir responsabilidades por un tema detectado por la socialista Catalina Cladera en la Conselleria de Hacienda, que investiga la Fiscalía Anticorrupción.

Los desmarques de Més per Menorca se suceden con enmiendas retiradas tras crispar al grupo parlamentario socialista. O la proposición en defensa del modelo de ‘escoletes’ de Menorca que el PP apoyó el viernes en la Junta de Portavoces y cuya tramitación vetó el PSOE. El travieso Martí activa otra bomba de relojería política contra el PSIB-PSOE con una propuesta para reconocer a Puigdemont como presidente legítimo de Catalunya. Más enfados.

El Pacte y el Govern
El Pacte y aquellos famosos «Acords pel canvi», que conviene releer, es una cosa, porque aún incluye a Podemos y Més per Mallorca pero el Govern es otra, ya que está formado únicamente por el PSIB-PSOE y Més per Mallorca. Dos partidos que se odian, que pugnan por un mismo espacio político, pero que deben soportarse para evitar que todo salte por los aires. El Govern no sabe cómo salir de su propia trampa-atolladero -la peor crisis que habrá afrontado- provocada por la destitución de Biel Barceló. El vicepresidente ha caído después de una sucesión de torpezas, entre las que el viaje al Caribe, como tertuliano de un programa deportivo en una radio, no es el peor error. Los sacrificios anteriores del director general de la Agència de Turisme de Balears, Pere Muñoz, y de la directora general de Turismo, Pilar Carbonell, no han evitado la inmolación de Barceló y ocasionan que la izquierda repita el penoso espectáculo de los desacuerdos internos que arruinan su credibilidad. Crédito de confianza agotado.

Al grano. El PSIB-PSOE rechaza -aunque en público diga lo contrarioa Bel Busquets (Palma, 1973). Los socialistas no se fían de la secretaria general del PSM-Entesa de Mallorca para desempeñar la vicepresidencia del Govern y gestionar la potente y estratégica Conselleria de Turismo durante el cruel tramo final de la legislatura, en la que habrá más turbulencias, porque lo peor está por llegar. Busquets ha sido vetada.

De Bel a otra Bel
El «núcleo duro» de Armengol, formado por Pilar Costa, Iago Negueruela, Marc Pons, Catalina Cladera, Bel Oliver, Mercedes Garrido y Cosme Bonet no acepta a Busquets, que el viernes se presentó como nueva vicepresidenta y consellera, transmitiendo que «quien nombra somos nosotros, los de Més no la presidenta del Govern». Armengol no se ha reunido con Bel Busquets, porque quiere a otra Bel en Turismo. Es Bel Oliver, secretaria de Organización del PSIB-PSOE.

Su duro núcleo no acepta a Busquets, licenciada en Filología Catalana y profesora de Secundaria, activista de la «marea verde», y porque, dicen, carece de experiencia y conocimientos sobre el turismo. En el sector no entienden nada.

‘Vices’ intercambiables
En Menorca, la primera presidenta -hoy transmutada en vicepresidenta primera, no es un juego de palabras- y la vicepresidenta segunda mantendrán la entente cordiale, porque uno de los ejes sobre los que sustenta el tripartito gobierno insular consiste en que Maite Salord y Cristina Gómez son intercambiables.

La primera opción que, en aquellos alegres días de rosas y vino de junio de 2015, barajaron Més y Podemos fue la exclusión del PSOE para formar un gobierno integrado únicamente por estos dos partidos, hasta que Santiago Florit y María Cabrisas les pararon los pies al anunciar que no apoyarían la investidura de una Salord Ripoll que ya se veía presidenta durante cuatro años.

El viejo truco había funcionado en Maó ante un timorato Vicenç Tur que no supo hacer valer el peso del PSOE, lo que permitió a Conxa Juanola asegurarse la alcaldía durante todo el mandato.

Y en Ciutadella, como ha desvelado recientemente el ex concejal socialista Juan García Corró, cuando empezaron las negociaciones para formar el gobierno municipal el PSM ya se había adjudicado la alcaldía y la primera tenencia de alcaldía -despachos incluidospor la bisoñez del PSOE y Gent per Ciutadella. Hubieran escuchado a Joana Barceló y Salo Moll el reparto de áreas y la composición del gobierno municipal habrían sido muy distintas.

PREGUNTAS DE LA SEMANA

¿Cuándo empezarán las obras, presentadas y anunciadas para noviembre, en los muelles del puerto antiguo de Ciutadella?

¿A qué atribuye el gobierno municipal de Maó el mínimo interés y la escasa concurrencia a la presentación de los presupuestos de 2018?

¿Logrará la exvicepresidenta del Consell Carme García Querol la plaza de gerente del Geriátrico de Ciutadella?

¿Concurrirán dos candidaturas a las elecciones del Nàutic Ciutadella tras quedar desierta la primera convocatoria?

¿Cómo se explica que el gasto fijo y de personal del Consell haya aumentado un 46 por ciento en dos años y medio?

 

La riqueza de los dialectos insulares

Martes, enero 2nd, 2018

Aquella fabulosa coma introducida en el artículo cuarto del Estatut d’Autonomia de Balears motivó esta redacción: «La llengua catalana, pròpia de les Illes Balears, tindrà, juntament amb la castellana, el caràcter d’idioma oficial». Pero las referencias a los temas lingüísticos en nuestro Estatut no acaban aquí, porque en el título tercero, que desarrolla las competencias autonómicas, el artículo 38 también determina que «las modalidades insulares del catalán, de Mallorca, Menorca, Eivissa y Formentera, serán objeto de estudio y protección, sin perjuicio de la unidad de la lengua».

Esta exigencia estatutaria, que ha sido tan silenciada como incumplida, nos recuerda que el «Diccionari Alcover-Moll», la magna obra iniciada por el canónigo mallorquín Mn. Antoni Maria Alcover y concluida por el filólogo menorquín Francesc de B. Moll se titula «Diccionari Català-Valencià-Balear». El primer tomo, publicado en 1930, incluye un didáctico «Mapa dels dominis de la Llengua Catalana» que han sido transformados, desde estrategias con intereses políticos nacionalistas, en los Països Catalans.

Albert Pla Nualart da respuesta a la pregunta de Víctor Montencino: «¿tenc dret a escriure l’examen en tortosí?». Un tema «complejo y espinoso», según el responsable lingüístico del diario «Ara» porque abre el debate entre la diversidad de los dialectos y la unidad formal del estándar exigida por los expertos en sociolingüística como el profesor Jesús Tusón. Pla Nualart recomienda mantener las formas de cada dialecto en su ámbito de uso, incorporando registros formales -es la función que corresponde a los medios escritos y audiovisuales y mantener en la lengua oral todos los rasgos dialectales con la única excepción de aquellos que, puntualmente, puedan dificultar la comunicación. Unidad y diversidad.

¿Sabremos proteger, usar y defender la gran riqueza -sintáctica, morfológica y fonética- que aportan nuestros dialectos insulares a la lengua propia?