El pecado capital de nuestra autonomía

El mismo día que el Govern balear abre el proceso para traspasar las competencias de promoción turística a los consells insulars, la presidenta del Consell de Mallorca declara que no tiene ninguna intención de aceptar esta transferencia.

No es la primera competencia que rechaza el Consell mallorquín, circunstancia que ha provocado un insólito escenario en la autonomía balear al acentuar las diferencias, por la ausencia de criterios homogéneos, entre el Consell de Mallorca y los de Menorca e Eivissa.

El rechazo del Consell mallorquín a asumir la gestión de la promoción turística -otra cuestión es la dotación presupuestaria, que provoca la firme discrepancia del equipo de Santiago Tadeo- confirma que algún día nos daremos cuenta de que solo los consells de Menorca e Ibiza tienen sentido como instituciones insulares de gobierno. Porque si en el futuro seguimos avanzando por el camino de dotar de más competencias a los consells, y el de Mallorca insiste en rechazarlas, sabremos entonces que la fórmula del ‘café para todos’ carece de sentido para dar respuesta a las diversas realidades territoriales, económicas y sociales de Balears.

La arquitectura político-administrativa de la Comunidad Autónoma de Balears pivota sobre los consells, que nacieron como entes de régimen local pero después fueron consagrados como instituciones autonómicas.  Esta doble naturaleza adquiere su verdadero significado en Menorca e Ibiza -debate aparte es si tenía que haberse creado un cuarto Consell, el de Formentera-, mientras que en Mallorca, con el Govern y todas sus conselleries a pleno funcionamiento, la gran mayoría de mallorquines no entienden la existencia y su pertenencia al Consell de Mallorca.

31 años después, aún no hemos sido capaces ni de afrontar ni de resolver este pecado capital de la autonomía balear.

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