Sa Cova d’en Xoroi, icono y referencia

La Cova d’en Xoroi cumple su cincuenta aniversario como espacio de ocio, discoteca y un punto de encuentro que atrae cada año a miles de visitantes. Quienes vienen a Menorca quieren conocer su configuración geológica y excepcional ubicación, al filo de los acantilados de Cala en Porter.

En este conjunto, que alcanza su ingravidez al estar suspendido entre el cielo, la tierra y el mar, sobresalen las amplias terrazas y los ventanales abiertos en la piedra. Magnéticos miradores que permiten observar el horizonte y adquirir conciencia de que somos y vivimos en una isla; y en los días de buena visibilidad, la vista distingue los perfiles de la Serra de la Tramuntana mallorquina.

Es una cueva de leyenda, que nos evoca en Xoroi, el ‘moro’ que raptó a la joven de Alaior ya prometida, con la que convivió y fueron padres de tres hijos, hasta que la nieve -este fenómeno tan insólito en Menorca- descubrió el rastro de las pisadas que conducían hasta aquella enorme gruta, de acceso abrupto, y destapó el escondite. Estalló el drama, con la muerte del padre.

En este espacio tan mágico como misterioso, en las noches de luna llena aún resuenan los ecos de Xoroi, la joven raptada y aquellos tres hijos engendrados junto al mar por la joven cristiana y el musulmán que no huyó de la isla cuando fue conquistada por Alfonso III en 1287.

Hoy sa Cova d’en Xoroi es un símbolo de Menorca, es un establecimiento con gran oferta, que durante los últimos cincuenta años ha conocido la evolución de la Menorca agraria e industrial a la isla que depende de sus atractivos para el turismo.

Ha recibido la visita de miles de turistas que han disfrutado del día y de la noche en esta sala de fiestas que combina la solidez de la piedra con el aire líquido que la envuelve. Icono y referencia, identifica a Menorca.

One Response to “Sa Cova d’en Xoroi, icono y referencia”

  1. manumenorca dice:

    … Frío, arropados con la toalla de madrugada y corriendo a encender la calefacción del buga para entrar en calor. Ese es el recuerdo de las noches de fiesta de la espuma… junto con la visión de regueros de espumarajos jabonosos lamiendo el acantilado en su camino al mar desde la pista central. Tchunga tchunga entre vapores etílicos y roces y algo más que roces con las pibas con las que compartías saltos y cabriolas para poder sacar la cabeza para respirar y evitar los resbalones y los escalones traicioneros. Qué noches. Sa cova.

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